EE.UU. propondrá creación de fuerza de paz y rescate para Centroamérica

RUI FERREIRA
El Nuevo Herald
El Pentágono tiene dos objetivos inmediatos en Centroamérica: una fuerza de paz multinacional y una brigada regional de rescate para ayudar en caso de desastres naturales.
Esas serán las dos propuestas básicas que siete ministros de defensa centroamericanos discutirán con su homólogo estadounidense, Donald Rumsfeld, durante mañana y el jueves en un hotel de Key Biscayne.
Casos como el de Haití, explicó recientemente a El Nuevo Herald el subsecretario Roger Pardo-Maurer, justifican la existencia de una fuerza de paz lista a intervenir en conflictos nacionales o entre países. La brigada de rescate »es más bien una dispersión de recursos por varios países», de modo que sea más fácil acudir a un llamado.
»La cuestión de la seguridad regional es un problema que debe ser abordado en colectivo», básicamente porque »hay muchos problemas comunes que deben encararse en conjunto», añadió Pardo-Maurer.
Un problema común es las pandillas centroamericanas, en particular la salvadoreña o Mara Salvatrucha, la cual ha adquirido dimensiones que trascienden la región al detectarse nexos con la guerrilla y el narcotráfico colombiano, y el ingreso clandestino a Estados Unidos.
»Esa gente está adquiriendo una capacidad de maniobra impresionante», admitió Pardo-Maurer.
Por ello, la idea de Rumsfeld es trasmitir a los ministros de defensa de Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá, la necesidad de crear un batallón para mantener la paz en la región.
Al cabo de casi 20 años de guerras civiles, Centroamérica es desde la década pasada escenario de conflictos de »baja intensidad», donde los ejércitos no han jugado un papel preponderante, sino que le ha tocado a la policía enfrentarse a situaciones como el contrabando humano y el tráfico de drogas.
Sin embargo, en los últimos años han surgido al menos dos crisis políticas con implicaciones militares. Una de ellas es el diferendo entre Nicaragua y Estados Unidos sobre la suerte de un lote de 651 misiles antiaéreos portátiles (SAM7) de fabricación soviética, un rezago de la »Nicaragua sandinista», los cuales Washington teme que pueda caer en manos de terroristas.
La preocupación estadounidense, indicó Pardo-Maurer, es la crisis política actual que opone al presidente Enrique Bolaños a una alianza del dirigente sandinista Daniel Ortega y el ex presidente Arnoldo Alemán, calificados ambos por el subsecretario de defensa de »obstáculos» a la destrucción de los misiles.
»¡Puedes estar seguro de eso!», contestó el subsecretario cuando El Nuevo Herald le preguntó si esta »crisis de los misiles» iba a ser abordada por Rumsfeld en un encuentro con su homólogo nicaragüense, Avil Ramírez Valdivia.
El mes pasado, el congresista republicano por Indiana Dan Burton estuvo en Managua y trató abiertamente la cuestión de los misiles con los miembros del partido de Alemán. Burton les explicó claramente, dijeron fuentes de su oficina legislativa, que «los misiles tienen que ser totalmente destruidos para que la relaciones mejoren».
De hecho, el embajador estadounidense en la capital nicaragüense, Paul Trivelli, dijo esta semana sin ambages que »la ayuda militar está condicionada» a la destrucción de los misiles.
Según el ministro Ramírez, la bola está en el parlamento, donde un proyecto de ley para destruir dichas armas duerme »el sueño de los justos», pese a que los militares nicaragüenses quieren deshacerse de los SAM7.
»Los militares han sido muy profesionales y cooperativos en todo esto», aseguró Pardo-Maurer.
El problema estriba en que el Partido Liberal, el de Alemán y Bolaños, está dividido sobre el tema desde que los dos líderes se separaron. El presidente ha ordenado que la destrucción se debe hacer en grupos de 300 mientras que el ex presidente quiere dejarlos como están.
Por ello es que Washington sostiene que el regreso de los sandinistas al poder es »un peligro», una posibilidad reforzada por la alianza con Alemán.
»Ellos sienten que si Ortega gana, va a haber otra confrontación con Estados Unidos», dijo el disidente sandinista y candidato a la presidencia, Herty Lewites.
El subsecretario de Defensa no aclaró si la idea de la formación de una fuerza de paz multinacional sea de caras a una crisis creada por el regreso de los Sandinistas al poder, pero sí dijo que es «una forma de [integración] de la región centroamericana».
La otra crisis con posibles implicaciones militares es la que pone a Nicaragua frente a frente con Costa Rica, una vieja rivalidad que está tomando fuerza lentamente, lo que la prensa nicaragüense ha descrito «el rearme tico».
Aparentemente Costa Rica, que no tiene ejército, ha reforzado a la policía con nuevos equipos, lo cual al otro lado de la frontera perciben como una amenaza. La semana pasada, el diario El Nuevo Diario tituló un artículo al respecto diciendo que [los] «Ticos se militarizan».
»Lo anterior se desprende de un vistazo a vuelo de pájaro que realizamos en los archivos» de diarios costarricenses, donde »se refleja que de 1998 a 2000 los ticos desarrollaron un proceso de fortalecimiento institucional y de modernización de sus fuerzas de seguridad pública, que alcanzaron mayor equipamiento que el mismo ejército de Nicaragua», publicó El Nuevo Diario.
Pero el hecho es que, pese a que Costa Rica dedica el doble de fondos que Nicaragua a gastos de defensa –$64.2 millones frente a $32.8, respectivamente– el gobierno de Managua mantiene en armas a 1.3 millones de hombres mientras que el de San José dispone de 997,690 policías, con tareas que van desde mantener el orden hasta cuidar las fronteras.
Una fuente militar estadounidense dijo a El Nuevo Herald que la creación de una fuerza de mantenimiento de la paz pudiera acelerar la comunicación entre los países de la región y permitirles depurar apreciaciones peligrosas.
Pardo-Maurer acotó que la conferencia servirá también para estimular la necesidad de presentar un frente unido de combate a las pandillas en Centroamérica.
Sin embargo, negó que la fuerza de paz sea »una respuesta» al crecimiento de las pandillas. »No es una [reacción], pero tampoco significa que vamos a abordar el problema», subrayó.
Hace tres meses, el canciller salvadoreño, Francisco E. Laínez, dijo a El Nuevo Herald que le preocupaba que la lucha contra el pandillerismo no fuera un fenómeno continental, y que, de cierta forma, su país estaba enfrentándose al fenómeno solo.
La conferencia de esta semana pudiera darle una respuesta a esa inquietud.
»Lo único que queremos es que los países de Centroamérica trabajen juntos. Solamente eso», destacó Rumsfeld, quien el miércoles presentará una ponencia sobre el tema

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