El Tiempo critica acusación contra las FARC

La decisión de la Fiscalía de los Estados Unidos de abrir, por cuenta de las Farc, el mayor proceso por narcotráfico de la historia, al pedir en extradición a 50 miembros de la cúpula de esa guerrilla, puede tener repercusiones de hondo alcance sobre el conflicto y sus soluciones.
Si no se tratara de un sistema de justicia como el estadounidense, desde el punto de vista práctico parece casi ingenuo pedir en extradición a 50 hombres de las Farc, entre los que están todo el secretariado y buena parte del estado mayor. Salvo tres mandos medios que están presos y podrían ser los primeros extraditados, es iluso pensar que basta la orden de un gran jurado para que caigan fugitivos que la justicia persigue en vano hace 40 años.
Por ello, aunque obviamente tiene fuerza jurídica, el
indictment o acusación estadounidense tiene más sabor a declaración política y es un nuevo capítulo de la ‘guerra contra las drogas’. Lamentablemente, con escasa reflexión sobre los magros resultados de esa guerra fallida ni sobre las posibles consecuencias de la decisión sobre nuestro país. Símbolo de lo cual es ofrecer 75 millones de dólares en recompensas por varios de los 50 nuevos ‘extraditables’, a razón de 5 millones por cada uno de los siete miembros del secretariado, 2,5 millones por igual número del estado mayor, y otros.
Cómo ha cambiado la concepción de E.U. de las Farc: de guerrilla marxista (con la que llegó a reunirse hace años en Costa Rica), a ‘organización terrorista’ y, ahora, a ‘mayor cartel de narcotráfico’ del planeta. Aunque nadie duda hoy del involucramiento de las Farc con el narcotráfico, sorprenden las cifras y afirmaciones de la Fiscalía estadounidense. Se las acusa no solo de cuidar cultivos y laboratorios y cobrar ‘impuestos’ a la coca, sino de manufacturar y distribuir cocaína y haber introducido a Estados Unidos (al parecer desde 1985) la bicoca de 2.500 toneladas de cocaína ¡por valor de 25 mil millones de dólares! Se afirma que controlan “más de la mitad” del tráfico mundial de cocaína y “aproximadamente el 60 por ciento” de la que ingresa a Estados Unidos.
Más allá de las bravuconadas propias de este tipo de medidas (la directora de la DEA, Karen Tandy, dijo que la acusación es “el comienzo del fin de las Farc”), cabe preguntarse qué busca E.U. con esta decisión. Quizá, el presidente Bush y la derecha republicana, temiendo que las elecciones de noviembre eventualmente refuercen a sectores demócratas cada vez más escépticos con el Plan Colombia, buscan blindar la ayuda militar a Colombia: ¿quién se va a oponer a invertir en la lucha contra ‘el mayor cartel de la droga’? Tal vez buscan, también, que su personal militar y el material de guerra del Plan Colombia tengan aún más flexibilidad para participar en operaciones contra las Farc.
Ambas opciones pueden resultar positivas para el país, en la medida en que debiliten su potencial terrorista. El fiscal Alberto Gonzales, a quien se le preguntó sobre esto en la rueda de prensa, se negó a comentar, pero fue elocuente: “Consideramos todas las opciones”, dijo.
Además de lo simbólico que fue que el hombre que inauguró los fallidos diálogos del Caguán asistiera a la rueda de prensa en la que se pidió a los jefes de las Farc en extradición, la presencia del ex presidente y embajador Andrés Pastrana es indicio de que el gobierno colombiano estaba al tanto de la decisión. Un endurecimiento de este tipo antes de los comicios presidenciales favorece sin duda al presidente Uribe. Pero no sobra meditar sobre sus consecuencias.
Si la idea es presionar a las Farc para que se sienten a la mesa, el efecto puede ser el contrario. Porque no se ve cómo pedir a su cúpula en extradición pueda facilitar una eventual solución negociada del conflicto armado. Si la desmovilización de una ‘organización terrorista’ como las Auc ya ha estado sembrada de pedidos de extradición, ¿qué no pasará cuando algún gobierno colombiano –este u otro–se siente a negociar con lo que Washington ya definió como un ‘cartel narcoterrorista’? A veces, en la obsesión de su ‘guerra contra las drogas’, a Estados Unidos no parecen importarle las víctimas colaterales. Así se trate, como puede ser este caso, de su principal aliado.
editorial@eltiempo.com.co

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