Caída de Provenzano deja un vacío de poder en la cosa nostra

Elisabetta Pique – La Nación
BUENOS AIRES
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“Gracias, que Dios los bendiga”.
Es una de las pocas frases que dice Bernardo Provenzano.
Si no, está callado, casi no habla.
El “rey de la mafia”, un hombre invisible durante 43 años, está encerrado en una celda de aislamiento de la prisión de máxima seguridad de Terni, en el centro de Italia, vigilado las 24 horas por videocámaras y por personal penitenciario especial.
Sin diarios, sin televisión, sin revistas. “¿Quiere un libro?”, le preguntó el director de la cárcel.
“No, soy analfabeto”, le contestó el gran padrino, que en todos estos años manejó silenciosamente la Cosa Nostra, la mafia siciliana, enviando y recibiendo pedacitos de papel con mensajes cifrados. Era el jefe fantasmal de la temible organización, que con su captura no muere, sino que empieza una nueva etapa.
“No saben lo que hacen”, les dijo el capo di tutti i capi a los agentes que en la mañana del pasado martes 11 de abril dieron con él y pusieron fin a su larga vida como prófugo.
La frase de Provenzano, típica de los hombres de honor, encierra muchas incógnitas y el temor a que se desate una sangrienta guerra de sucesión por ocupar el mando de la organización mafiosa, ahora descabezada.
¿Qué va a pasar con la Cosa Nostra?
¿El vacío dejado por el jefe supremo dará lugar a una guerra de sucesión? ¿Logrará mantenerse la “pax mafiosa” a la que se llegó durante su reinado, porque Provenzano era un hombre mucho menos violento y autoritario que su antecesor, Salvatore “Totó” Riina?
Un dique seco de sangre
Provenzano, de hecho, se caracterizó por haber inaugurado una nueva etapa de la mafia siciliana, marcada por la ausencia de ríos de sangre, y una política del equilibrio, la conveniencia, la infiltración silenciosa del crimen organizado en todos los estratos de la sociedad.
Según los especialistas, tras su arresto surgen tres escenarios posibles: el primero es que la mafia siciliana —estructurada tradicionalmente en forma vertical— podría adoptar el modelo calabrés.
Es una suerte de federalismo del crimen que garantiza el equilibrio:
las familias mafiosas se encargan de sus negocios sin depender de las familias de otras provincias. Es decir, la familia se queda con el dinero que obtiene en su territorio.
Los demás se las arreglan por sus propios medios, sin ningún control vertical, ni comisiones.
El segundo escenario es que aparezca un heredero o sucesor de Provenzano, el último “emperador”.
Muchos consideran que el hombre que más posibilidades tiene para ocupar este lugar es Matteo Messina Denaro, de 46 años, considerado un capo despiadado, amante del dinero y de las mujeres atractivas, de la familia de Trapani.
Otro candidato es Salvatore Lo
Piccolo, de 63 años, prófugo desde 1983 y capo del mandamento de San Lorenzo, un barrio de Palermo.
Se cree que en estos últimos años Lo Piccolo estuvo muy cerca de Provenzano manejando los negocios ilícitos, desde las licitaciones públicas hasta las extorsiones.
El tercer escenario —el más temido— es el de la guerra entre familias. Los hijos de los viejos villanos de Palermo, que fueron desplazados por el clan liderado por Totó “la Bestia” Riina, Provenzano, Leoluca Bagarella y Luciano Liggio a finales de los años 80 tras una guerra brutal, podrían intentar ahora limpiar a la Cosa Nostra del clan de Corleone.
Un nuevo vértice
“La Cosa Nostra ciertamente no muere porque haya sido arrestado su capo. Como siempre hizo, la organización mafiosa tomará nota de la captura y se moverá para adecuarse a la nueva situación”, dijo Michele Prestipino, el magistrado de la Dirección Antimafia que coordinó el operativo para atrapar a Provenzano.
“El problema ahora es qué pasará después de la captura de Provenzano.
Con su captura cae un mito de invencibilidad mafiosa, pero pronto el vacío será colmado.
Y, como siciliano y magistrado que soy, haré todo lo posible por evitar que se desencadene una guerra por la sucesión”, afirmó el fiscal nacional antimafia, Piero Grasso.
“No olvidemos que la Cosa Nostra no es sólo Provenzano”, opinó, por su parte, Giancarlo Caselli, el ex fiscal antimafia de Palermo, quien destacó que para poder ponerle fin a la mafia hay que aniquilar “su sistema de poder, sus complicidades, sus coberturas”. “Desde el punto de vista criminal, la mafia no termina, porque es un sistema de poder consolidado, con protecciones, colusiones y complicidades”, agregó.
Si no busca un nuevo jefe, dicen los expertos, la Cosa Nostra deberá por lo menos cambiar de modelo organizativo.
¿Desde la cárcel de máxima seguridad, el denominado “tractor” revelará cómo hizo para mantenerse escondido tantos años?
¿Provocarán sus declaraciones un terremoto político en Italia?
El capo di tutti i capi, de 73 años de edad, fue detenido en una vieja casona de campo, donde vivía miserablemente, como un verdadero pastor, comiendo ricota y achicoria, y durmiendo en un viejo catre sin sábanas.
Así, no como un multimillonario, vivía Bernardo “Binnu” Provenzano, un hombre viejo y enfermo, que debe utilizar un pañal, en el cual llevaba escondidos 10.000 euros.
Su arresto fue considerado en Italia como un hito en la lucha contra la mafia. Fue definido por todo el mundo como “un éxito extraordinario del Estado”, porque Provenzano está acusado de haber asesinado a decenas de servidores del Estado, entre ellos los famosos jueces antimafia Giovanni Falcone y Paolo Borsellino. Además, organizó el exterminio de centenares de rivales.
50, dicen, con sus propias manos.
Sin embargo, muchos señalaron también que un país occidental no puede considerar un éxito extraordinario el arresto de un criminal prófugo desde hace 43 años. Sobre todo si es atrapado a apenas dos kilómetros de Corleone, su ciudad, el sitio donde vive su familia, gracias a que su mujer le mandaba por un sistema de correo laberíntico, pero eficaz, dentro de un paquete con ropa limpia.
Si Provenzano logró escapar de la Justicia durante tantos años “es porque existe un ambiente social que lo ha permitido, instituciones cómplices o políticamente perezosas o distraídas”, escribió el diario La Repubblica.
“No se puede festejar cuando en nuestro país han existido y sigue existiendo una sociedad tolerante con los asesinos y gobiernos débiles o incapaces”, agregó.
“Si Provenzano logró escapar de la Justicia durante tantos años es porque existe un ambiente social que lo ha permitido, instituciones cómplices o políticamente perezosas o distraídas”
Las palabras de Mario Puzo
“En Sicilia, las familias (de la mafia) estaban unidas por lazos de sangre. Había que pedir permiso para moverse por su territorio. La familia y los lazos de sangre lo eran todo. Utilicé personajes sicilianos para crear mis personajes norteamericanos”, dijo en una entrevista Mario Puzo, el autor de los tres libros de El padrino, en los que se basaron las famosas películas.
Puzo, neoyorquino hijo de inmigrantes italianos que falleció en 1999, pintó un retrato de la hermandad siciliana, sus códigos basados en el honor y la familia, sus lealtades y su uso de la violencia, que quedó inmortalizado en las películas, cuyos guiones escribió con el director Francis Ford Coppola.
“No se puede comparar a los mafiosos de hoy con los de la vieja escuela. Detesto a los nuevos, que se convierten en figuras públicas, porque la esencia básica del poder de la mafia surgió de no estar nunca a la luz pública”, explicó el autor.
Puzo siempre negó haber tenido lazos con la mafia y, en cambio, aseguraba que su trabajo de investigación para sus obras había sido realizado en la biblioteca. “Me avergüenza admitir que escribí El padrinobasándome sólo en investigación.
Nunca conocí un gánster verdadero”, dijo. “¿Cuándo podría haber tenido tiempo de integrar la mafia?”, preguntó en 1996 durante una entrevista con la agencia AP.
“Me moría de hambre antes del éxito de El padrino”, agregó. “Mi mafia es un mito muy romantizado”, afirmó.
Sobre la violencia que era característica de sus personajes, Puzo explicó que los miembros de la mafia la usan como una “herramienta de trabajo”.
“Era una herramienta de marketing.
No hay argumento más convincente que la muerte”.
Una crisis vocacional
Los famosos pizzinihallados en el escondite de Bernardo Provenzano revelaron un dato más que interesante: hay una crisis de “vocaciones” en la mafia.
En los mensajes, de hecho, los dos capos mafiosos que podrían sucederlo al frente de la Cosa Nostra, Matteo Messina Denaro y Salvatore Lo Piccolo, le plantean a Provenzano más que nada un problema: cómo hacer para superar la escasez de mafiosos que sufre la Cosa Nostra.
En especial, los capos se quejan de la dificultad de reclutar nuevos adeptos, jóvenes en los cuales poder confiar, capaces de garantizar a la “familia” todos los servicios en la máxima reserva.
La escasez de mafiosos tiene que ver con las redadas que hubo en los últimos años, en los cuales, gracias a las investigaciones de la policía de esta ciudad, fueron puestas detrás de las rejas unas 450 personas, entre capos afiliados y ayudantes varios.
A la mafia siciliana también le están faltando picciotti, debido a que los hombres de honor ya no confían en una mano de obra con demasiados arrepentidos. Esto lleva a imaginar un escenario de “padrinos estresados”, como se vio hace unos años en una película — Analize This— en la que Robert De Niro incluso iba al psicoanalista.
Sin embargo el jefe de la policía de Palermo, Giuseppe Gualtieri, cree que no es así. “En algunas áreas, ser tomado por grupos mafiosos, que incluso pagan sueldos regularmente, sigue siendo una gran aspiración”, dijo. “Y mientras haya una economía alrededor de la mafia; habrá quien esté listo para hacer cualquier cosa”, agregó.
Así las cosas, la nueva estrategia de los padrinos ante la escasez de mano de obra es la siguiente: sustitución de las afiliaciones rituales por contrataciones temporales, que finalizan al cumplirse “servicios” determinados.
De esta forma, los capos nunca llegan a encontrarse con sus reclutas, que a su vez actúan en compartimientos estancos.
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