Violencia contra el G-8

Rostock, una ciudad de Alemania ubicada a orillas del Mar Báltico, cuya prosperidad provocó la envidia de varios daneses y suecos cuando ocuparon esta localidad entre los años 1600 y 1700, ahora es el centro de multiduninarias protestas que reclaman la realización de la cumbre del G-8, la cual se lleva a cabo en el balneario Heiligendamm.
Este encuentro, que reúne a los mandatarios de México, China, India, Brasil y Sudáfrica, entre otros, ha provocado que más de 30 mil personas salieran a las calles a manifestar contra la política de estos países industrializados. Los violentos choques, que comenzaron el pasado sábado 2 de junio, provocaron la detención de 120 personas y 304 policías heridos, según el diario mexicano La Jornada.
Estas manifestaciones fueron convocadas por la organización ambientalista Greenpace ATTAC, integrada principalmente por la izquierda alemana y sindicatos locales, alrededor de 300 asociaciones antiglobalización y otras 150 agrupaciones ecológicas. Actualmente estos grupos se convierten en el centro de atracción ya que, al parecer, no les atrae la intención y las propuestas que planteará el G-8 en temas como el medio ambiente y la contaminación del planeta. Desde el año 2001, no se producían protestas de esta índole, a raíz de la realización de esta cumbre en la ciudad de Génova, Italia.
El G-8 está integrado por Estados Unidos, Canadá, Japón, Francia, Reino Unido, Italia, Rusia y Alemania. Entre algunas declaraciones polémicas que han salido a la luz pública a raíz de este encuentro, está la del presidente estadounidense George W. Bush, quien rechazó ratificar el protocolo de Kyoto el cual, a pesar de que tiene vigencia hasta el 2012, busca entre otros puntos reducir las emisiones más contaminantes que son dañinas para la atmósfera. A pesar de esta declaración, seguramente Bush quiso ser más enfático y realista en este tema y no valerse tanto de un tratado, alegando que convocaría a los 15 países más contaminantes para que éstos se comprometieran a reducir sus tóxicos.
Piedras, cócteles molotov y botellas fueron algunas de las armas de las que se valieron los manifestantes para protegerse de las fuerzas de seguridad quienes, a su vez, también se defendieron empleando gases lacrimógenos y agua, a través de las denominadas “ballenas”, para calmar a los “revoltosos encapuchados”. Un periodista de la agencia francesa de noticias AFP, también aseguró que los manifestantes quemaron vehículos, a su paso por esta ciudad portuaria del noreste de Alemania.
Algunas de las pancartas que pudieron leerse durante estas protestas, contenían frases como “G8=terrorismo, guerra, asesino del clima” y consignas contra la energía nuclear, mientras que otros imploraban que el capitalismo pasara a la historia. Otros cargaban banderas, emblemas de colores y símbolos antifascistas. Hasta las marionetas se dejaron ver por los críticos de la globalización. Uno de ellos alegó que la política del Gobierno alemán, tanto en la Unión Europea como durante esta cumbre, era “cínica”.
Se tiene previsto que 16 mil policías velen por la seguridad de los ciudadanos de esta localidad a raiz de este encuentro.
Sin embargo, las autoridades alemanas están atentas ante cualquier hecho de violencia. El ministro de Interior de Berlín, Ehrhart Körting, declaró en una noticia proveniente de ese país que no debe subestimarse el peligro de atentados islamitas durante la cumbre, por creer que el único riesgo son los grupos izquierdistas y manifestantes antiglobalización.

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