Tragedia peruana

Es el terremoto más fuerte que se siente en Perú desde el año 1940. El miércoles 15 de agosto, arribó con sus 7,9 grados en la escala de Richter sin dar ninguna advertencia. Tan sólo dos minutos fueron suficientes para derrumbar puentes, inmuebles y producir lamentables pérdidas humanas y miles de damnificados. Según la cifra preliminar difundida por el Instituto Nacional de defensa Civil, esta tragedia dejó 540 muertos y más de 1.000 heridos.
Sin embargo, el Instituto Geofísico recalcó que, posteriormente, se unieron a la lista doscientos cadáveres más. Entre el 30 y el 40 por ciento de los pobladores de la de Pisco, ciudad portuaria que fue destruida en un 85%, se han visto en la obligación de emigrar debido a esta lamentable tragedia.
Los pobladores de esa localidad aún sienten miedo, temen que próximamente venga un maremoto como consecuencia de los fuertes temblores que sienten a diario. Por otro lado, poco a poco han comenzado a reestablecerse los servicios básicos en otras ciudades del Sur de Lima como Ica, Cañete y Chincha. Sin embargo, Pisco, aún continúa sin luz ni agua pese a los grandes esfuerzos de las brigadas de apoyo y emergencia.
El Cuerpo de Bomberos descarta que puedan conseguirse sobrevivientes bajo los escombros. La acción de miles de voluntarios internacionales se ha centrado ahora en solventar los problemas sanitarios de víctimas y pobladores. Sin embargo, ¿pudo haberse evitado esta lamentable tragedia? Expertos pertenecientes al Centro de Cooperación Europeo, afirman que Perú no es el único país que no predice desastres. La mayoría de los países latinoamericanos caen en el error de la imprevisión de desastres.
Según información suministrada por un diario peruano, la jefa de la oficina en Suramérica del Departamento de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea (ECHO), Jocelyn Lance, afirmó que han identificado que “la falta de capacidad de respuesta” en toda Latinoamérica “Se puede reducir muchísimo el impacto si hay inversiones en la prevención”, agregó.
Después de una semana en la que los aeropuertos de Pisco y otras ciudades se han repleto de ayuda humanitaria proveniente de otros países (Chile, Venezuela, EE.UU., Ecuador, Bolivia y Cuba, entre otros), el costo de la tragedia fue cifrado en 230 millones de dólares.
Asimismo, después de siete días el presidente peruano también habló. Alan García prometió que, en diez días, Pisco estaría lista para comenzar su reconstrucción y afirmó que ya se iniciaron las labores de limpieza de escombros en las ciudades afectadas.
Entre las edificaciones dañadas se incluyen importantes edificios históricos y gubernamentales, entre los que se encuentran el Congreso de la República y el Ministerio del Trabajo, en Lima. Una razón más para que los jefes de Gobierno impulsen como tema de agenda la previsión de desastres en sus respectivos países.

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