Rendirse ante el chantaje político es fortalecerlo. "Arie Tenne"

           

            No le debe extrañar a nadie que la Cámara de Economía Venezolana-Israelí organice el seminario “El secuestro y la toma de rehenes: ¿una nueva realidad venezolana?”, o que el embajador de Israel participe en su inauguración. Lamentablemente Israel, más que otros países, ha adquirido ciertas experiencias y conocimientos con respecto a ese tema.

            Para los profesionales aquí presentes, la meta principal es combatir el crimen, en este caso el secuestro y la toma de rehenes, usando técnicas, métodos, equipos y armas que ustedes discutirán ampliamente con los expertos en el transcurso de este seminario.

            Para quien no es profesional de la seguridad, pero cuya actividad lo expone al peligro más que a otros, el enfoque del problema es naturalmente distinto. Más aún cuando se trata de un representante del país más amenazado en este sentido. En su dimensión política, los crímenes del secuestro y la toma de rehenes forman parte de un conjunto que se llama terrorismo. En este caso, los motivos y los propósitos del crimen, así como los mismos criminales, son diferentes. El terrorista busca la publicidad más que la riqueza. Su chantaje no tiene fines de lucro. Por eso, es imposible satisfacer las demandas que siempre tienen que ver con motivos ideológicos y que nunca acabarán hasta no conseguir la derrota total e incondicional de sus enemigos, reales o imaginarios. Rendirse ante el chantaje político es fortalecerlo y asegurar que nunca tendrá fin.

            Lo que hace al crimen terrorista más peligroso que otros tipos de crímenes es su alcance internacional. Muchas veces los terroristas gozan de cierta simpatía y de apoyo directo e indirecto, inclusive de gobiernos. Ni siquiera se admite su criminalidad. El fin justifica a los medios, nos dirán. Ya no es cuestión legal sino moral. A este nivel, al crimen terrorista ya no se le puede combatir tan sólo con instrumentos legales, policiales o militares. Aquí ya se trata de la voluntad y de la determinación política -o la falta de ella – de la comunidad internacional a prestar una colaboración regional y mundial para erradicarlos.

            Sin embargo, los gobiernos que sí reconocen el imperativo de la lucha global contra estos crímenes tienen también que reconocer que esa lucha requiere de un respaldo efectivo de las fuerzas policiales o militares, comprometidas en esta tarea. Esas fuerzas necesitan y merecen todo el apoyo político, material y financiero para enfrentarse con su deber: organización, preparación, entrenamiento, capacitación, equipamiento, armamento, etc., para permitir a sus profesionales defender a la sociedad contra un enemigo común.

            Ojalá este seminario sirva también para despertar la conciencia de esa necesidad tan imperativa para el bienestar de la sociedad venezolana.

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