El factor subversivo


               En su libro Estrategia sin tiempo, Pág. 43, el general Alberto Marini, dice: “Para la lucha contra la subversión, nos encontramos con el primer gran escollo que significa el problema de la mentalidad, ya que los cuadros de los ejércitos regulares están preparados para la guerra clásica: con doctrina convencional, ortodoxa, regular, apegados a la ética, al honor y ajustados al derecho; mientras que la subversiva y revolucionaria carece de prejuicios para su conducción, es irregular, heterodoxa, donde cualquier medio justifica el fin, con tal que se vislumbre el objetivo, o se desaliente al adversario”.

Aceptar que guerrilleros extranjeros irrumpan en nuestras fronteras, secuestren a ciudadanos venezolanos, se los lleven a su país y ofrezcan devolverlos a cambio de grandes sumas como rescate, es aceptar que los bienes de esos ciudadanos -a los que el Estado Venezolano debe dar protección- están siendo usados para financiar las actividades subversivas en el país vecino, causándole a nuestros nacionales el daño que significa utilizarlos como fuente de ingresos.

Perder cantidades debido a un mal negocio, a una inundación, a un terremoto u otra calamidad, es desafortunado. Eso está entre los riesgos que se corren. Pero la entrega de dinero por un rescate supone un sacrificio al que sólo nos lleva el amor a la vida. El convertir a los hombres en moneda de curso ilegal de la que se adueñan, pistola en mano o bajo amenaza, como único esfuerzo para que los bienes que un ciudadano trabajador ha bregado honestamente durante años, pasen a una organización, es un procedimiento propio de los más osados delincuentes. ¿Podemos verlo con indiferencia?

Las pérdidas acarreadas por secuestros o incursiones agresivas contra puestos fronterizos de nuestra Fuerza Armada merecen un profundo análisis, tanto del Gobierno como muy especialmente de la Fuerza Armada. El problema no es exclusivamente militar o civil (el Gobierno y sus policías). Solo un enfoque común tendría sentido.

El ciudadano colombiano sufre las consecuencias de un gobierno que, ante la simbiosis de las guerrillas y el narcotráfico, se muestra débil y atiborrado por problemas que se intensifican con la difícil política interna y sus lamentables reflejos internacionales, que lo debilitan aún más.

El ciudadano venezolano recibe el impacto de este desastre. Lo angustia la impresión de que no aparece en el panorama de nuestro país una actitud clara de parte de alguna autoridad, que le permita recuperar su fe en el futuro. Todavía se sueña con que alguien, alguna institución, o lo que sería más lógico, el país entero y bien orientado pueda afrontar con toda la pericia que el caso exige, una situación tan injusta como vejatoria.

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