El problema de los plazos

1.- Se debe evitar establecer un plazo deliberadamente o descuidadamente.

2.- Nunca se debe rechazar cualquier exigencia por ser demasiado peligrosa o demasiado insignificante para que el secuestrador efectúe su ultimátum.

3.- Cuando los secuestradores traten de establecer plazos, lo mejor es hacerse el desentendido.

4.- Si un rehén resulta muerto, hay que determinar quién provocó el acto.

5.- Si el secuestrador cambia el plazo seguramente se está obteniendo una ventaja, ya que al variar de parecer está demostrando raciocinio.

6.- Una táctica a la que se podría recurrir es la de comunicarse con los captores unos diez minutos (10) antes del vencimiento del plazo y entablar conversación sobre algún tema de diálogo, preferiblemente que implique una decisión por parte de ellos. El continuar hablando mientras el término vence evita herir el orgullo de los secuestradores, al hacerlos sentir que ellos no han cedido en el plazo acordado.

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