Sistemas carcelarios en Latinoamérica: verdaderas bombas de tiempo

Sistemas carcelarios en Latinoamérica: verdaderas bombas de tiempo
En casi la mayoría de las prisiones de Latinoamérica los reclusos conviven en condiciones infrahumanas, por ello, no es de extrañar que durante el año ocurran una serie de hechos como huelgas de hambre, reyertas y motines que, por lo general, deja un número importante de muertos y heridos.
Los internos casi siempre reclaman 3 cosas básicas: solución del problema de hacinamiento, mejor atención sanitaria y una mejor alimentación. Si bien la gran mayoría de internos están respondiendo por sus delitos cometidos, estos deben recibir un trato digno y humano.
Para conocer esta violencia hay que estar «in situ» en ellas, no existe otra forma de conocer esa oscura realidad. Por ello, al trabajar en el año 2002 como asesor del Ministerio de Justicia y asesor del Presidente del INPE, en las diversas visitas que realicé a todas las prisiones de la ciudad, incluso en diversas horas de la madrugada, pude comprobar que los problemas de hacinamiento, falta de seguridad, higiene y violencia son una realidad.
Si tuviera que describir esas visitas sería de un panorama sombrío, lamentable y dramático. Dentro de cada pabellón después de las 7pm es tierra de nadie, los «delegados» son los responsables por lo que pueda suceder. Un solo policía que se queda en la primera reja es toda la garantía que hay por pabellón. Es cierto que las prisiones por dentro son un infierno de injusticias, lo más grave es que en esas condiciones se hace imposible poder rehabilitar a los internos.
Muchos ciudadanos se preguntan por qué invertir en prisiones si hay prioridades más importantes como la salud y educación. Les puedo decir que es sumamente importante invertir en nuestras prisiones porque es allí donde se recicla el delito, esos internos más temprano que tarde ganarán las calles de nuevo, salen con más conocimiento criminal con el que entraron y la reincidencia delictiva es muy alta.
Por otro lado, dentro de las prisiones por la falta de seguridad los cabecillas de bandas manejan delitos violentos como secuestros, asaltos u homicidios. Los delitos en la última década han crecido en cifras importantes, sin embargo, muy poco se ha realizado en mejoras del sistema carcelario.
El penal de Piedras Gordas en Ancon y arreglos en algunas prisiones es todo lo que se ha hecho, pero no hemos realizado una política de inversión en materia carcelaria, sobre todo si tomamos en cuenta la actual tendencia en penalizar con la privación de la libertad cada día más delitos.
Si bien es cierto que tenemos que construir más prisiones en el país, por el hacinamiento existente, donde deberíamos realizar el mayor esfuerzo es en trabajar a fondo los factores que provocan el aumento de los delitos y, por ende, de los enviados a prisión.
La política penal debe ir de la mano con una buena política social, sobre todo si más del 60% son internos menores de 29 años. Lo cierto es que con el aumento delictivo en que vivimos, siempre existirá déficit de plazas en las prisiones. Queda claro que las prisiones hoy viven un peligroso clima de violencia, que en cualquier momento podría explotar, por ello sería aconsejable entre otras propuestas:
1.La construcción de por lo menos 2 nuevos penales en la ciudad de Lima.
2.Se debe mejorar de forma inmediata la infraestructura penitenciaria a nivel nacional.
3.Implementar equipos y sistemas de seguridad como cámaras C.C.T.V., bloqueadores de celulares, equipos de rayos X., detectores de metales, entre otros, que permitan garantizar la seguridad externa e interna de los penales.
4.Realizar los mayores esfuerzos para reforzar los programas de rehabilitación, reeducación asi como la posible reincorporación de los internos a la sociedad.
5.Canalizar los controles necesarios para verificar y garantizar un nivel básico de atención de las necesidades en alimentación salud y bienestar de los internos.
Finalmente, si queremos una mejor seguridad ciudadana, menos delitos en nuestras calles, invertir en los sistemas carcelarios es la mejor propuesta, ya que el eslabón más sensible de la seguridad ciudadana son precisamente las prisiones.

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