La seguridad ciudadana en el 2007 y propuesta para el 2008 (14 al 20 de enero de 2008)

La seguridad ciudadana en el 2007 y propuesta para el 2008
Si nos basáramos en las cifras y estadísticas, la conclusión sería que en el 2007 la inseguridad ciudadana ganó la batalla en muchas de las principales ciudades de Latinoamérica. La lectura preocupante del delito es un alza constante.
Las respuestas de la seguridad pública han demostrado desconocimiento, inoperancia, no debilidad. La seguridad ciudadana es un encadenamiento de instituciones y cuando se rompe algún eslabón se hace mas difícil su manejo.
Son cuatro los actores principales, empezamos por la policía que es la que hace la función de prevención y disuasión en las calles, así como la captura de los que infringen la ley. El segundo eslabón es la Fiscalia, la cual investigará y preparará la acusación, si fuera el caso del detenido por la policía. El tercer eslabón es el Poder Judicial que será quien juzgue al ya acusado por la Fiscalia y, por último, y no menos importante, los sistemas carcelarios que pondrán a buen recaudo a los delincuentes y harán un trabajo resocializador.
La pregunta es ¿en cuántos países funcionan en forma articulada estas instituciones? ¿Cuántas tienen los presupuestos adecuados? ¿Cuántas están libres de corrupción? Se sigue trabajando en los efectos, dejando de lado las causas del delito.
Cuando los Estados pierden la capacidad de poder garantizar a sus ciudadanos el goce y el ejercicio de algunos de sus derechos fundamentales como el derecho a la vida, a la tranquilidad, la propiedad privada o a su privacidad, se pone en riesgo no sólo la seguridad de su población, la gobernabilidad también se verá afectada.
Hoy, tanto turistas como inversionistas, están monitoreando qué ocurre en materia de inseguridad en los países que quieren visitar o invertir, ya estamos hablando de intereses nacionales.
La seguridad ciudadana, en mi opinión, es la facultad que tiene toda persona a desenvolverse en cualquier ámbito de su país, libre de riesgo y amenazas que ponga en peligro su vida, su libertad, su integridad física o psíquica, así como el goce de sus bienes.
Ya desde hace por lo menos dos décadas, a cuantos no les cambió su ritmo de vida la inseguridad ciudadana, cuántos ciudadanos viven secuestrados en sus propios miedos y temores, cuántos han perdido la vida o quedaron mal heridos, producto del accionar de la delincuencia violenta.
La verdad es que a la gran mayoría de los ciudadanos el fenómeno delictivo nos ha bajado nuestra calidad de vida, sino preguntémonos cuando salimos de casa, vamos de compras, a un cajero o banco, cuando nuestros hijos demoran en llegar a casa. Cuando acudimos a un compromiso pensamos en la casa y el auto que está afuera, cuando nos despedimos ya no decimos chao sino cuídate.
El desarrollo económico de un país en situaciones de desigualdad incrementara sus índices delictivos, y es que el desarrollo entendido como la fortuna de muy pocos y la miseria de la gran mayoría, trae consigo la exclusión de grandes masas de la población.
Estoy convencido de que se puede, con un buen planeamiento y las estrategias adecuadas, evitar que el delito se siga incrementando y empezar a bajar sus tasas, pero el momento de actuar es ahora. No ver este problema o no asignarle prioridad y recursos apropiados, sólo traerá consigo un mayor crecimiento delictivo a corto plazo, tal como lo señaló en el año 2002 The Bratton Group.
En la página 6 de sus conclusiones, señala que la ciudad de Lima podría experimentar el crecimiento de una delincuencia juvenil extrema, como aquella que emergió en la ciudad de Nueva York en los años ochenta y en Brasil, en los noventa. De ser así, las tasas de robos, asaltos y asesinatos aumentarán de forma alarmante, y la sensación de inseguridad se sentirá de manera más pronunciada, situación que hoy estamos empezando a vivir. El informe está a disposición de quien lo solicite.
Si bien sostengo permanentemente que para reducir las tasas delictivas, la receta es que no hay recetas. Para este 2008 se podrían tomar en cuenta las siguientes variables:
1.Planificar la seguridad ciudadana.
2.Tener estrategias puntuales en base a estadísticas, focalizando las zonas y poblaciones vulnerables.
3.Trabajo articulado entre los actores principales de la seguridad pública.
4.Un liderazgo municipal, articulado con la policía.
5.No estigmatizar al pobre, él no es el causante, sino más bien es la peor victima. La delincuencia y la falta de seguridad es una de las caras más feroces de la pobreza.
6.Políticas públicas inclusivas, siendo prioritarias las zonas más vulnerables.
7.Recuperar y mantener los espacios públicos
8.Se debe mantener una planificación urbana apropiada, un crecimiento planificado de la ciudad.
9.Los gobiernos regionales y locales deben invertir en prevención, en prácticas de convivencia pacifica.
Finalmente, deberíamos poner en marcha una política integral criminal, que es el conjunto amplio de medidas y acciones que se deben desarrollar bajo el impulso del Estado, pero con una amplia participación comunitaria. Tiene que haber una decisión política contundente y de consenso, además de asignar los recursos apropiados para poder establecer con ello metas y plazos. Los delitos se incrementan sobre la base de la ineficiencia, como respuesta de la seguridad pública.
César Ortiz Anderson
Colaborador de Segured.com

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