Nuevos usos para una vieja tecnología (29 de abril al 5 de mayo 2005)

Una noticia divulgada por el diario chileno La Vanguardia nos confirma que la creatividad humana no tiene límites. Como en otros países latinoamericanos, Chile ha visto un importante crecimiento en las cifras de asaltos a los usuarios de transportes colectivos. En el sector Gran Valparaíso, indica el rotativo, 4 de cada 10 conductores han recibido la visita de los indeseables mientras laboran en las calles. Esto representa un verdadero problema de seguridad.
Para los delincuentes, los transportes públicos ofrecen la oportunidad de apoderarse tanto del dinero colectado por el chofer como de las pertenencias de los usuarios del servicio, con niveles de riesgo muy bajos. La única posibilidad de que las cosas salgan mal para ellos es que sean avistados in fraganti por efectivos policiales, o que alguno de ellos forme parte del grupo de personas que va a ser asaltada.
Esto ha sucedido en países como Venezuela, donde los funcionarios se ven obligados a utilizar los buses en virtud de sus bajos sueldos. Durante 2005, la prensa local ha informado sobre dos incidentes en los que el policía pierde la vida al afrontar el robo dentro del propio vehículo.
Resulta prácticamente imposible colocar a un policía a custodiar cada autobús fingiendo ser un pasajero más. Una medida como esta ha sido aplicada por la aviación civil en Estados Unidos, Israel y algunos países europeos con altos costos para las líneas. Costos que a la postre son trasladados a los usuarios en la forma de impuestos.
Los profesionales del volante en Chile echaron un vistazo a las tecnologías disponibles, y recientemente anunciaron la puesta en práctica de un plan que consiste en la colocación de “botones de pánico” dentro de las unidades.
Los “botones de pánico” no son más que pulsadores conectados a un sistema de alarma, generalmente ubicado en una locación remota. Su primera aplicación comercial fue en los bancos, y todavía perdura en estas empresas: el botón es colocado en un lugar al que no pueden llegar los clientes sino empleados con autorización especial. Cuando se presenta una emergencia, generalmente un robo, es presionado y emite una señal hacia el tablero de control al que está conectado mediante un cable o por frecuencia de radio.
Debido a su naturaleza, las alarmas emitidas al activar los botones de pánico por lo general no admiten confirmación sino que exigen la presencia inmediata de los funcionarios de seguridad en el lugar de origen. Sin embargo, en lugares públicos como las calles y estaciones del metro, estas tecnologías sirven como especies de intercomunicadores con centrales de monitoreo. En Hampshire (Reino Unido) y en el centro histórico de México DF, cuando son pulsados activan una o más cámaras y señales visuales. Un operador recibe en pantalla la imagen de la persona en emergencia, y se comunica con ella mediante un altavoz bidireccional. De esta forma puede obtenerse más información sobre la situación planteada, y si es el caso ordenar el traslado de funcionarios policiales, bomberos o paramédicos.
En el caso chileno, el botón de pánico está situado en algún sitio accesible para el piloto, informó el representante de Transportes Plazuela Ecuador, Juan Valenzuela. Cuando se inicia el robo, el conductor debe pulsarlo con las manos. Según el portavoz, “es una verdadera alarma luminosa, que indicará a otros colegas, a Carabineros y a los vecinos que un vehículo está siendo asaltado”.
Aunque Valenzuela no dio más información al respecto por razones de seguridad, no es difícil colegir que en este caso el sistema está diseñado para la disuasión de los delincuentes, quienes al ver la coctelera entenderán que su acción no pasará inadvertida para los vehículos circundantes y para las autoridades que estén cerca del autobús.
La conveniencia de este tipo de alarmas está por verse. Quizá en las primeras etapas, el botón de pánico así configurado hará que los hampones escojan otro vehículo. Pero luego ellos sabrán que al comenzar el robo será necesario someter al piloto, para impedirle que active el mecanismo.
La tecnología disponible en la actualidad hace posible mejorar esta idea, a un costo no mucho mayor. En República Dominicana y en Estados Unidos, por ejemplo, hay empresas que instalan botones de pánico inalámbricos en los vehículos. Al ser activados emiten una señal silenciosa que es captada por una central de monitoreo. La alarma es enviada entonces a la policía más cercana al lugar donde se originó la emergencia. En el caso de los transportes colectivos, los ladrones podrán finalizar el robo. Pero si hay buena velocidad de respuesta por parte de la policía, serán apresados cuanto intentan escapar. Esto contribuirá a evitar que un simple asalto se convierta en algo más grave, como una situación de rehenes.

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