El primer testigo de una muerte suele ser una mosca

CHICAGO (AP) — En un famoso poema, Emily Dickinson escribió: «Escuché el zumbido de una mosca al morir».
Y según entomólogos forenses que examinan escenas de crímenes en busca de pruebas que hayan dejado los insectos, existe una buena posibilidad de que Dickinson haya escuchado el zumbido de un insecto al lanzar el último suspiro.
«El primer testigo de una muerte suele ser una mosca», dice Mike Sarna, director de exposiciones del Museo Natural Peggy Notebaert. «El sentido del olfato de una mosca es tan agudo que en ocasiones vuela unos tres kilómetros para acercarse a una persona recién muerta».
El museo de Chicago se ha especializado en moscas, gusanos, escarabajos y otros devoradores de cadáveres para su nueva exposición «Insectos en escenas de crímenes», que estará abierta al público hasta el 12 de septiembre.
La exhibición no está dirigida a los niños ni a los tradicionales visitantes de museos. Fue organizada por Lee Goff, asesor en entomología del FBI y de otros organismos policiales a nivel mundial, y también de una exitosa serie de televisión, «CSI». Goff dijo que varias de las tramas de la serie provienen de su libro «The Fly for the Prosecution» (Una mosca por la fiscalía).
Goff sostiene que la popularidad de la muestra se debe a la fama adquirida por la serie televisiva.
La exhibición requiere algo más que ajustar la iluminación y emplazar vitrinas. Necesita una gran cantidad de huevos frescos de moscas, escarabajos vivos y termitas. Y el refrigerador tiene que estar repleto de cerdos muertos.
Hace unos días, dos de los cerdos yacían en jaulas de alambre en un sector de césped, en la parte trasera del museo.
«Cuando se inaugure la exposición, tendremos aquí a cinco cerdos en etapas sucesivas de descomposición», explicó Sarna. «Empezamos con estos dos».
El cerdo con olor más desagradable no era más que una torre de piel, huesos y dientes.
«Los gusanos y los escarabajos han terminado con éste. El tejido blando ha desaparecido», dijo Sarna. «Ahora es el turno de los escarabajos» que devoran la piel y los tendones. «Con el tiempo, otros escarabajos y termitas acabarán con los huesos».
El cerdo de muerte más reciente estaba hinchado debido a los gases, pero no olía tan mal. Una gran cantidad de gusanos había comenzado a devorar la cabeza y se aproximaba al cuello.
La exposición presenta cajones de la morgue con dos cadáveres simulados que muestran las diferentes etapas del avance de los insectos. El cadáver de la «primera etapa» tiene gran cantidad de huevos de mosca cerca de la nariz y la boca.
«Una vez que conocemos la especie de la mosca y la temperatura, podemos determinar el momento de la muerte con bastante precisión», explicó Goff, que también es presidente del programa de ciencias forenses de la Universidad Chaminade, en Honolulú, y ha testificado o ha sido consultado en unos 300 procesos penales en diversas partes del mundo.
Los entomólogos forenses también se basan en «pautas de sucesión» de insectos y otros artrópodos que siguen a los gusanos dentro del cadáver. Por ejemplo, algunas especies de ácaros aparecen al principio para atacar a los gusanos, mientras que otros viajan en los caparazones de los escarabajos y comen subproductos de la descomposición.
«En Hawai tenemos 320 especies diferentes de insectos que devoran cadáveres. Por lo tanto, es posible hacer un análisis fino», dijo Goff.
La exhibición también incluye dos maquetas de casos reales para que los visitantes puedan aplicar los conocimientos obtenidos.
Un caso es el de dos viajeros que desaparecieron cerca del Gran Cañón del Colorado, en Estados Unidos. La pruebas dejadas por insectos ayudó a demostrar que murieron en una inundación súbita.
El otro fue un caso que investigó Goff en Hawai. El cuerpo de una persona asesinada a balazos fue hallado en un cañaveral. Gusanos de tres especies, dos rurales y uno específico de Honolulú habían invadido el cadáver. Los gusanos urbanos estaban más adelantados en su ciclo vital. Eso indicó que la víctima había sido asesinada en la ciudad y luego arrojada en el cañaveral.
El caso involucró a narcotraficantes, en una negociación que terminó mal. Goff dijo que algunos de los progresos más marcados en ese campo derivan del uso de pruebas de insectos en asesinatos vinculados a las drogas.
«Con frecuencia no queda lo suficiente de un cadáver para hacer pruebas toxicológicas», señaló. «Pero hemos descubierto que si los gusanos han devorado tejido de un drogadicto, pueden quedar restos de droga en los caparazones de las crisálidas que dejan las moscas cuando salen del cascarón. Son aceptables como prueba y podemos realizar en ellos pruebas de toxicología».
Esa cáscara de la crisálida ayudó recientemente a Goff con el cadáver más antiguo que encontró en su carrera profesional, una momia incaica que data de hace 500 años en Perú.
«El caparazón de la crisálida demostró que la persona había estado masticando hojas de coca», afirmó.
Diferentes museos han contratado la exhibición, y hay ventas anticipadas de boletos hasta el 2007. La muestra se ha exhibido en Saint Paul, Minnesota, y Roanoke, Virginia.

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